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Descubre los secretos que esconde Manarola

Descubre los secretos que esconde Manarola

Todo aquel que visita Italia por primera vez puede acabar abrumado ante la amplia oferta de actividades, parajes naturales y monumentos de toda clase que ofrece el país transalpino a lo largo y ancho de su geografía, una circunstancia que también explica por qué pueblos tan hermosos y apacibles como Manarola, ubicado en la provincia de La Spezia y de forma más concreta en el parque natural de Cinque Terre, es un destino relativamente desconocido para los visitantes que recorren las zonas montañosas del norte de estado.

Y la verdad es que es una pena para los que se lo pierden -y quizá una alegría para aquellos locales que quieren evitar a toda costa la masificación turística- porque Manarola ofrece singulares estampas dignas de los mejores cuadros de los maestros del Barroco italiano, sobre todo por su situación privilegiada en los alrededores de un barranco que la deja a la misma distancia de bucólicos valles que de las aguas cristalinas del Mar de Liguria.

Lo más recomendable es entrar en el municipio, cuyo origen data de 1261, a través de la cercana localidad de Riomaggiore -también perteneciente a la misma comarca- pasar por la estación de tren y admirar unas vías que, aunque han sido evidentemente renovadas, conservan la personalidad y la estética de otros tiempos. Una vez llegados a la calle principal, lleno de cafés y tiendas, así como de coloridos edificios residenciales, es imprescindible recorrerla por completo hasta su final, donde desemboca en la plaza de la Iglesia del Papa Inocencio IV, todo un regalo para los grandes aficionados al arte y arquitectura de corte clásico.

De camino al puerto de Manarola, sin duda llama la atención una rueda de molino de grandes dimensiones y de profusa decoración que, aunque ya está en desuso, todavía sigue siendo muy útil para transportar mentalmente al visitante a otras épocas más sencillas y primitivas en las que su utilización era imprescindible para cubrir las necesidades básicas de la villa. A medida que uno se va acercando a los acantilados, mejor se aprecia lo vasto e impresionante del marco incomparable en el que se ubica este bello pueblo italiano.

De hecho, junto a los barcos pesqueros y las lanchas motoras de sus vecinos más acaudalados, se sitúa un puente de piedra que resulta ideal para los bañistas más intrépidos, al ejercer de plataforma improvisada desde la que zambullirse en las limpias y frías aguas del citado Mar de Liguria. Una vez en la costa, no habría que dejar pasar la oportunidad de nadar unos cuantos metros, darse la vuelta, y admirar desde ahí la fisionomía de una localidad mágica, con sus fachadas de vivos colores y unas casas que se adaptan a la perfección a su entorno.

Además de ser un destino inmejorable para el período estival, Manarola también dejará gratamente impresionados a los turistas que se animen a visitarla en en plena temporada navideña, ya que la parroquia local instala todos los años un belén compuesto por más de 300 figuras de gran tamaño, todas hechas con materiales reciclados, que ya se ha convertido en una de sus tradiciones más distintivas y que es especialmente conmovedora cuando se ilumina por las noches.

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