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Viajar ayuda a encontrar pareja (y conservarla)

Cuando llega el momento de hacer las maletas, a nadie se le escapa que unos días lejos del hogar suponen la oportunidad perfecta para conocer a nuevas personas y, con un poco de suerte, vivir un romance vacacional, pero resulta que viajar de manera habitual también incrementa nuestras posibilidades de conseguir una cita incluso en el marco de nuestro lugar de residencia habitual. Esta relación entre el éxito con los miembros del sexo de nuestra preferencia y la frecuencia con que nos animamos desplazarnos para visitar otros lugares no solo está relacionado con el atractivo extra que pueda suponer, a ojos de los demás, conocer otros países, idiomas o culturas.

Según revela un estudio llevado a cabo por la agencia Contiki, el 63 por ciento de los viajeros habituales están convencidos de que sus experiencias por el mundo les han ayudado a mejorar su capacidad resolutiva, lo que a su vez repercute positivamente en su aptitud para iniciar y consolidar una relación sentimental.

"Viajar requiere de cierta habilidad de adaptación, porque viajar conlleva toparse con obstáculos, incluso cuando se tiene un itinerario perfectamente organizado hasta el mínimo detalle. Y cuando se viaja solo, uno aprende a confianza en sus instintos, además de tratarse de una forma inmejorable de conocerse mejor, de aprender a manejar el estrés y a cuidarse solo", explica la psicóloga y experta en relaciones, Antonia Hall, acerca de las habilidades que se ganan al salir de nuestra zona de confort y que pueden ser directamente aplicadas al terreno amoroso.

Incluso las parejas ya consolidadas se pueden beneficiar de la experiencia de pasar una temporada moviéndose en un entorno nuevo, por no mencionar lo útil que puede resultar conocer a un potencial interés amoroso durante una escapa al ofrecer la oportunidad perfecta de conocerlo a fondo -y descubrir vuestros niveles de compatibilidad- en un tiempo récord.

"Al viajar con otra persona, se presenta la oportunidad de poner aprueba la propia capacidad de adaptación y descubrir a un mismo tiempo si el acompañante puede hacer lo mismo. Se aprende mucho de otra persona durante un viaje, incluyendo cuáles son los puntos de interés común y las distintas formas de apoyarse mutuamente, además de descubrir qué elementos externos se convierten en un motivo de tensión. Enfrentarse a retrasos en los vuelos, tormentas inesperadas y cualquier otro imprevisto, ayuda a reforzar los vínculos con la pareja y consigue que los baches del día a día parezca mucho más llevaderos", apunta.

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