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Los retrasos y demás incidencias no irritan tanto como parece a los usuarios de los aeropuertos

Aunque en las televisiones de todo el mundo -y en las hojas de reclamaciones de ciertas compañías aéreas- es habitual ver pasajeros volcando su enfado y su frustración cada vez que se producen retrasos, cancelaciones y demás imprevistos que alteren significativamente sus vuelos y, por tanto, sus planes vacacionales, la realidad es que a la mayoría de los viajeros frecuentes no les suele molestar tanto como parece la perspectiva de tener que afrontar esta clase de incidencias a su llegada a los aeropuertos.

Esa es al menos la conclusión que arroja un nuevo estudio que analiza los diversos patrones de conducta que exhiben turistas procedentes de diferentes grupos de edad y clases socioeconómicas, del que se destaca que, por regla general, estos suelen adaptar de forma inconsciente su comportamiento para poder afrontar con relativa tranquilidad los trastornos ocasionados por factores tales como la climatología, el tráfico aéreo o la gestión aeroportuaria.

"El efecto psicológico que se desprende de un retraso o de la cancelación de un vuelo, así como de otros problemas como el que ocasiona el equipaje extraviado, depende fundamentalmente de las circunstancias del viaje y de las consecuencias de dicho contratiempo. La reacción de un pasajero no va a ser la misma si corre el riesgo de perder un vuelo de conexión que si, por ejemplo, solo debe pasar unas horas adicionales en la terminal", explican los responsables de esta investigación.

Al margen de aquellos perfiles de viajeros considerados más conflictivos, como las personas de avanzada edad, aquellas que viajan con niños pequeños o las que, directamente, sienten pánico cada vez que se ven obligados a volar, la actitud más extendida entre los viajeros es la de mentalizarse sobre la alta probabilidad de sufrir uno de esos contratiempos o, en su defecto, la de no percibir de antemano la magnitud del impacto que pueda tener el incidente en cuestión en su bienestar.

"Hay mucha gente que no considera de forma espontánea las consecuencias que pueden tener estos imprevistos en su experiencia con el aeropuerto o la aerolínea, mientras que otras personas directamente las asumen con normalidad. Por otro lado, otros usuarios son plenamente conscientes de que estas cosas ocurren con frecuencia y adoptan medidas preventivas como las de llegar con suficiente tiempo de antelación a la terminal, evitar volar en ciertos momentos del día o incluso la de no facturar maletas", reza otro extracto del informe.

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