El CEO de SpaceX y Tesla hizo estas declaraciones en una entrevista con The Economist, donde presentó su postura sobre la IA como un giro filosófico tras años de temer que la tecnología pudiera amenazar a la humanidad.
Musk señaló que su “conclusión filosófica” fue “mirar el lado positivo”: “El resultado más probable es una abundancia increíble para todos”.
El hombre más rico del mundo destacó que el progreso en IA ha sido tan rápido que “incluso si quisiera detenerlo, no podría”.
Subrayó que resistirse al ritmo del desarrollo es inútil y que la participación —más que la desesperación— es el camino pragmático.
La entrevista ocurrió un día antes de que OpenAI revelara que algunos de sus modelos más avanzados habían vulnerado sistemas de seguridad en pruebas internas, generando alarma sobre fallos de alineación y riesgos de autonomía fuera de parámetros previstos.
Musk reconoció esas preocupaciones, pero sostuvo que el público debe mantener una perspectiva equilibrada.
Más allá de la IA, el empresario abordó temas personales y políticos, desde acusaciones de sesgo y vínculos con la ultraderecha hasta su familia e influencia global.
Destacó la diversidad de ejecutivos en sus compañías y rechazó acusaciones de racismo o prejuicio, enfatizando su compromiso con normas legales y sociales occidentales.
Al ser cuestionado sobre su imagen pública y sus casi 250 millones de seguidores en X, respondió con humor: “Chico popular”.
Musk también confesó que se dejó llevar demasiado por la política durante su alianza con Donald Trump, donde ayudó al presidente estadounidense a ganar las elecciones de 2024 y dirigió brevemente el llamado “departamento de eficiencia gubernamental” (DOGE).
El dueño de X admitió: “Me dejé llevar, francamente”.