Los investigadores encontraron que estos insectos no procesan la información visual de manera pasiva, como se creía anteriormente. En cambio, sincronizan los movimientos de su cuerpo con lo que observan, permitiendo que sus cerebros reciban información más rápida y precisa sobre el entorno.
El profesor Mikko Juusola explicó que el hallazgo revela una nueva forma de entender cómo los cerebros procesan información, demostrando que incluso los cerebros más pequeños pueden resolver problemas complejos a velocidades extraordinarias. Según el investigador, el cerebro acelera automáticamente para mantenerse al ritmo del cuerpo y evitar retrasos en el flujo de información.
Por su parte, el doctor Jouni Takalo señaló que el modelo desarrollado por el equipo muestra cómo miles de pequeños sensores trabajan juntos para reorganizar señales visuales y enfocar instantáneamente la atención en lo más importante. Gracias a esto, los insectos pueden reaccionar de forma rápida y confiable incluso mientras se desplazan a gran velocidad en la naturaleza.
Los científicos consideran que este descubrimiento podría influir en el desarrollo de futuros robots más eficientes, capaces de reaccionar con mayor rapidez y quizá sin depender de enormes redes informáticas.