Ben McKinney cree que su altura es una ventaja en su juego.
El bateador de Durham mide 2,01 m y siente que su gran estatura le da ventajas, aunque lamenta no haber trabajado más en su lanzamiento.
Le dijo a The Times Sport: “Como jugador alto, puedo golpear la pelota por el suelo y también por el aire cuando el terreno de juego lo permite. Me gusta batear con abridores más bajos. Bateé con Tom Haines [el bateador de Sussex de 1,80 m] para los Lions [de Inglaterra] en invierno, y se puede combinar”.
“No me voy a quejar de ser un poco más alto, me ha ido bien. Pero probablemente debería haber lanzado también algunos lanzamientos rápidos”, añadió.
En su adolescencia, Ben, ahora de 21 años, practicaba críquet con Durham y fútbol con Sunderland, pero su gran estirón afectó más a su técnica con la pelota que a su futura profesión: “Cuando tenía entre 14 y 15 años, calculo que medía alrededor de 1,80 m. A los 16, ya medía 1,98 m. Fue básicamente un año de gran crecimiento. Jugaba al fútbol, pero literalmente no toqué una pelota ese año porque tenía las caderas destrozadas por el crecimiento. Era como Bambi sobre hielo”.
“En ese momento jugaba de mediapunta, como mediocampista ofensivo central (CAM). Luego me volví un poco más lento y bastante más alto, así que terminé jugando más de mediocampista defensivo (CDM) o defensa central. Pero siempre he odiado defender, así que fue horrible”, finalizó.