El golfista británico se ha hecho famoso por sus rabietas explosivas cuando su juego no va como esperaba, pero cree que su comportamiento es "normal".
Le dijo a la revista Golf Monthly: "Lo que la gente parece no entender es que solo me enfado o me molesto conmigo mismo. Todo lo que digo va dirigido directamente hacia mí, como reacción a lo que sea que haya hecho mal. Todo el mundo sabe que me enfado muchísimo en el campo. Me gusta pensar que es normal para cualquiera que juegue al golf. A nadie le gusta dar malos golpes”.
"Algunas personas pueden restarle importancia, lo cual me asombra". “Creo que controlo bastante bien mi ira. Así que sí, puedo gritar y chillar un poco, y despotricar durante un rato de vez en cuando. Pero nunca dura mucho, normalmente solo hasta el siguiente tiro”, indicó.
Sin embargo, Tyrrell admitió que se sentiría “horrorizado” si descubriera que su comportamiento ha tenido un impacto negativo en sus compañeros de juego: “Me horrorizaría si pensara que mi comportamiento está afectando a mis compañeros o desanimándolos de alguna manera”.
“Pero puedo decir sinceramente que nunca he recibido quejas al respecto.
Los demás parecen reírse y pensar: ‘Sí, sí, Tyrrell está con otra de las suyas’.
Probablemente piensen que si dejo que las cosas me afecten, es un tipo menos del que preocuparse por ganar”, abundó.
Tyrrell no tiene planes de trabajar en su temperamento: “Todo el mundo dice que no se puede ser perfecto, pero yo intento ser perfecto en cada tiro que doy. Tengo estándares muy altos y me frustro cuando no los cumplo. Así que, en general, siempre voy a ser muy transparente y dar el 100%. Eso nunca, jamás, va a cambiar.”