El peso semipesado de 28 años, que logró una sorprendente victoria sobre el cubano David Morrell el fin de semana pasado, trabaja como profesor sustituto entre combates y piensa que ambas profesiones requieren una ventaja mental.
Explicó al periódico The Guardian: “Mi error cuando empecé a dar clases fue que siempre estaba feliz. Nunca sonrías cuando seas profesor sustituto porque los alumnos te van a criticar duramente. Se reirán de ti”.
“Si eres profesor sustituto, creen que pueden hacer lo que quieran. Así que he aprendido a mantener siempre una mirada firme y serena, a tener confianza en mí mismo, a no estar contento y decir que es un gran día, porque es entonces cuando intentan aprovecharse. Antes de entrar en la arena, tienes que vencerlos mentalmente, y así es con los estudiantes. Tienes que ir para que sepan que vas a estar al mando”, abundó.
La pelea de Zak contra David se produjo tras la lesión de Callum Smith, y aunque espera enfrentarse al hombre al que reemplazó próximamente para intentar convertirse en campeón mundial, no tiene planes de dejar la enseñanza debido al impacto positivo que puede tener en los jóvenes: “Normalmente, hay uno en la clase que intenta fastidiarte y arrastrar a los demás. Pero saco a ese alumno y hablo con él. Suelen tener algún problema en casa o no entienden el trabajo y probablemente necesitan ayuda individualizada. Una vez que ven que puedes ayudarlos, todo cambia”.
“Ha habido ocasiones en las que he tenido que usar la voz grave para decirles a los chicos: ‘Siéntense, quiten los sacos de la mesa o llamo al director’. Pero normalmente se calman. También enseño boxeo a niños con problemas de comportamiento o necesidades educativas especiales. Les ayuda a desarrollar la confianza y las habilidades comunicativas. Se necesita mucha paciencia, pero la mayoría alcanza sus objetivos y lo disfruta. Para mí es gratificante ver que puedo cambiar vidas para bien”, explicó.
Pero admitió que usa un nombre falso con los alumnos en algunas de las escuelas donde da clases: “El único problema es que, una vez que los niños descubren quién soy, toda la escuela lo sabe. Por suerte, como profesor sustituto, cambio de escuela. Trabajé en una escuela durante todo un trimestre y cada vez que caminaba por los pasillos, todos los alumnos se levantaban y decían: “¡Hola, Sr. Chelli!”. O se les oía susurrar: ‘Es el boxeador’. Así que se vuelve un poco caótico: ‘Les digo que me llamo Sr. Jones y no les digo que soy boxeador porque puede ser un desastre si descubren quién soy’”.